Nueva condena a Uralita por enfermedad profesional

Dos trabajadores desmontando un tejado de uralita equipados en una correcta acción de Prevención de riesgos laborales Uralita deberá pagar 342.142 euros de indemnización a un extrabajador que sufre cáncer de pulmón a causa del amianto. Así lo ratificó el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña el pasado mes de febrero, desestimando el recurso interpuesto por la empresa contra una condena de los juzgados sociales de Barcelona en 2015. De esta forma, el cáncer de pulmón también es considerado enfermedad profesional teniendo en cuenta el entorno al que haya estado expuesto el trabajador.

23 años expuesto al amianto y desarrollando una enfermedad profesional

El hombre afectado trabajó durante 23 años (1969-1992) en el centro que la empresa Rocalla (absorbida por Uralita en 1995) tenía en Castelldefels. Años después, en 2013, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) concedió la incapacidad permanente y absoluta a este trabajador por adenocarcinoma de pulmón derivado de una enfermedad profesional.

En el recurso interpuesto por Uralita, la empresa alegaba que en el momento que el trabajador estuvo prestando servicios, la normativa en materia de prevención de riesgos laborales no era tan estricta y que no exigía el cumplimiento de normas de seguridad diferentes a las que se aplicaron en su día. Sin embargo, el TSJC consideró que, a pesar de que la normativa del amianto no estuviera desarrollada antes de 1997, la empresa es responsable de no haber protegido correctamente al afectado ya que se tenía conocimiento de la nocividad del amianto y del hecho que, en consecuencia, pudiera conllevar una enfermedad profesional.

¿Cuál es la legislación actual en España en materia de amianto?

Actualmente en España, el Real Decreto 396/2006 establece las disposiciones mínimas de seguridad y salud aplicables a los trabajos con riesgos de exposición al amianto. Con su entrada en vigor, este derogó la mayor parte de la normativa anterior referente a esta materia.

Desde el año 2002, en España está prohibida la producción de materiales con amianto. Las variedades de amianto se fueron prohibiendo sucesivamente mientras se iba descubriendo la peligrosidad de éstas: en 1984 se prohibió el amianto azul, en 1993 el marrón y, finalmente, en 2001 el blanco.

Posibles enfermedades profesionales derivadas del amianto

El amianto es muy perjudicial para la salud y su manipulación puede conllevar el desarrollo de una enfermedad profesional. La principal forma de entrada del amianto al cuerpo es por vía respiratoria, de manera que las partículas que deja en el aire durante su manipulación, fabricación, instalación o por el hecho de convivir con él pueden afectar a la salud de las personas.

Las principales enfermedades que pueden ser consecuencia de la exposición al amianto son:

  • Cáncer de pulmón.
  • Mesotelioma maligno. Es un tipo de cáncer que afecta a la pleura y al peritoneo.
  • Enfermedad pulmonar crónica que comporta dificultad respiratoria y ésta se va agravando a medida que avanza la enfermedad.

¿Para qué se usaba el amianto?

El amianto ya era un material que fue utilizado por los griegos y romanos. Fue a principios del Siglo XX cuando se empezaron a explotar yacimientos, fijándose su época de máximo esplendor después de la Segunda Guerra Mundial y la década de los 70. Su uso empezó a disminuir a partir de los años 80 y, posteriormente, empezó a prohibirse en algunos países de la Unión Europea. Durante su utilización, el amianto fue muy popular dado su bajo coste económico y sus múltiples aplicaciones en las industrias de la construcción, petroquímica, automovilística o naval, entre otras.

Las personas que por su profesión todavía están expuestas al amianto deben cumplir unas estrictas normativas de Prevención de Riesgos Laborales y utilizar Equipamiento de Protección Individual, tal y como establece la ley.

Las enfermedades derivadas de la manipulación del amianto han hecho que tanto la administración como las empresas tomen consciencia de que se debe trabajar siempre con seguridad, especialmente en aquellos oficios en los que se manipulan sustancias peligrosas y nocivas para la salud de las personas. Para ello es imprescindible hacer una correcta prevención de riesgos laborales y procurar que cualquier trabajador tome las medidas necesarias para evitar desarrollar una enfermedad profesional.